Spin-off

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viernes, 23 de junio de 2017

Capítulo 2: Misty

Kiev, Arkadia
Ivel

   No quise seguir hablando, me dirigí a mi dormitorio y en el camino escuché un silbido, me detuve y di media vuelta. Lo vi de pie al lado de la estatua que representaba a un león dorado rugiendo, sonreí cuando salió de su escondite, llevaba la capa de viaje doblada en su brazo y su rostro cubierto por una máscara color bronce. Se la quitó al estar a mi altura, y sonrió tras besar mi frente.

-Buenas noches, Pequeño Ángel-dijo.

-Estás jugando con fuego, Murdoch-comenté enarcando una ceja-. ¿Te gusta?

-Sólo si eres tú quien lo enciende-sonrió.

   Lo tomé de la mano y apuramos el paso hasta mi habitación que estaba cerca. Lo empujé dentro y me aseguré de que nadie nos había visto, cerré la puerta; Joshua puso su capa doblada en el espaldar del sofá de la antesala, me crucé de brazos.

-¿Te volviste loco? Si alguien te llega a ver estaremos en un lío.

-No me importa, con tal de verte haría lo que sea.-Puso sus manos en mi cintura-. Bonito vestido-dijo. 

-Es normal que pienses eso considerando que fuiste tú quien me lo obsequió-respondí rodeando su cuello con mis brazos-. ¿Por qué estás aquí?

     Caminé hacia la chimenea que estaba encendida.

-Iba camino de Ciudad Palacio, decidí desviarme un poco porque te extrañaba-susurró abrazándome por la espalda. Sentí sus labios depositando un beso en mi hombro derecho, suspiré, el contacto de sus labios contra mi piel me desconcentró, pensé en decirle que se marchara pero ya no estaba muy segura de querer que lo hiciera-. Han sido cuatro largos días desde que nos vimos por última vez.-Besó mi cuello, jadeé, el calor empezaba a vestir mi piel.

   Sonreí presionando mi trasero contra su sexo que ya sentía endurecerse. Me giré y él besó mis labios con pureza, un roce limpio que igualó por mucho a un beso dado con pasión.

-Adoro que estés aquí y que me extrañes como yo te extraño, Joshua.-Besó mi frente y nos sentamos delante de la chimenea, él detrás de mí. Eché la cabeza hacia atrás, recargándome en su hombro, él aprovechó para besar mi cuello al verlo descubierto y gemí sintiendo cómo dejaba mi piel ardiendo nada más apartar los labios de ese punto-. Vi a Illya ese día en que nos encontramos-susurré-. ¿Has estado presentándote con ella? Porque me ha dicho que soñó contigo y que lo sabe, que es nuestro secreto.

-Siento debilidad por mis hermosas mujercitas, no podía esconderme de ella por más tiempo-respondió.

-Es muy lista, nos siente y suele venir a verme. ¿Sabías que su proyección astral ya es perfecta?

-Circe me lo comentó, y que a veces tienen visión compartida.

-Cuando se lo permito, le he explicado que no puede hacerlo todo el tiempo porque mamá ve cosas de adultos, y por más edad que tenga Illya sigue siendo una niña.-Me abrazó-. Deberías seguir tu camino, ya me viste. Era lo que querías.

-¿Te quieres deshacer de mí tan pronto?-preguntó, sonreí al notar que fingía haberse ofendido.

-Pueden ver que aterrizaste en Arkadia y lo encontrarán raro, mi amor.

-Ya me encargué de eso, un Lord me invitó a pasar por su casa cuando me apeteciera y hoy me apeteció-lo sentí sonreír.

-¿Qué cosa?-pregunté juguetona.

-Todo.-Mordió el lóbulo de mi oreja. Reímos al unísono-. Tu padre me dejará estar presente en la audiencia de mañana.

-¿Hablas en serio?

    Eso sí que era noticia, generalmente mi padre enviaba al Conde a algún otro lugar lejos de Ciudad Palacio cuando yo iba de visita, como queriendo evitar un encuentro entre nosotros; las veces que hemos coincidido frente a mi padre dimos prueba de la fingida aversión que sentíamos el uno por el otro, Azazel ignoraba que yo sabía quién se escondía tras la máscara y que nuestra relación seguía como antes de que todo se destapara años atrás.

-A mí me resultó extraño, supongo que a tu padre no se le puede ocultar las cosas por mucho tiempo, Mi Señora-bromeó. No me reí, pensé en las personas que fueron cercanas a él durante su vida en Bassan, y que ahora estaban bajo mi techo-. ¿Qué pasa?

-Tu hija está aquí-contesté levantándome. La expresión atónita de su rostro me hizo sonreír desganada-. Está aquí, la niña que Laurel y tú tuvieron. Ryden y otras cuatro personas llegaron hace rato buscando ayuda para sacarlos de acá-le expliqué, Murdoch se puso de pie-. Sé que desde que nos reencontramos no hemos hablado mucho al respecto, más por mí que por ti, pero vi a la niña y simplemente reviví tu matrimonio con Laurel y luego la noticia de que eras padre de una hija que tuviste con esa mujer.

-Mi hija no fue concebida de la forma que piensas, Ivel, no con Laurel al menos. Laurel la adoptó como suya porque yo se lo pedí, le pedí que hiciera pasar a la niña como su hija.

-¿Por qué?-inquirí sorprendida-. ¿Quién es su madre entonces? ¿Hubo alguien más en tu vida de la que no estoy enterada?

     Tomó mi rostro entre sus manos.

-Sólo tú-respondió-. Algo hermoso que tenemos los Espíritu es que nos enamoramos una vez y esa persona es nuestra por toda la eternidad, no hay espacio ni ojos para nadie más, no podemos sentir por otra persona que no sea esa a la que amamos la primera vez.-Rozó mis labios con los suyos-. Aprendí la teoría de Circe, pero en la práctica iba bastante adelantado.-Me abrazó muy fuerte-. Confía en mí.

    Buscó algo en mis ojos, y según la forma en que lo miré besó mi boca con esa pasión y dedicación que empleaba cuando lo hacía. No había nadie que besara como él lo hacía, despertando cada parte de mi cuerpo, conquistándolo con un beso, sólo un beso.  
    Se apartó un poco y mientras desabrochaba su camisa busqué su boca de nuevo, respiré su aliento, sentí sus labios y su lengua en un armonioso conjunto que me desarmó.  
     Llevándome al dormitorio corrí su camisa por sus brazos hasta dejarla caer al suelo y me senté al borde de la cama.
-Me haces perder la cordura-susurró, sus labios dibujaron una sonrisa.
 
  Besó mi boca despacio, fue pausado, demorándose en cada movimiento de sus labios, en cada roce de su lengua, en cada intento de acariciar mi piel. Fue cuidadoso.
    Me acostó en la cama contemplándome a la luz del alba que se asomaba por la ventana. 
     Selló mis labios con los suyos apretando su sexo contra el mío para que sintiera cómo lo tenía por mí y para mí; ansiábamos más, nuestras pieles pedían más. Se lo susurré al oído, Josh sonrió y desabrochó su cinturón.
    Concebía cada instante de placer con él, en su cuerpo renacía entre cada movimiento de entrada y salida, gemía en su boca volviéndome agua siendo vivo fuego que abrasaba su piel; y danzaba al ritmo que Josh marcaba, y él me concedía el tempo que deseaba y susurraba en su oído.
    Era follar duro y con el alma cuando se trataba de entregarme a sus besos, de conquistar su cuerpo mientras él acampaba en mi piel. 

   Lo vi vestirse después de salir de la ducha, no se sentía movimiento afuera así que aún debían estar durmiendo, momento que él tenía que aprovechar para marcharse. Antes fue a ver a su hija, se coló en la habitación donde estaba durmiendo con una mujer morena y con Ryden que estaba dormitando en un sofá cerca de la puerta; besó la frente de su pequeña y volvió a salir procurando cerrar con cuidado para no hacer ruido.
    Volvimos a mi habitación, cogió su capa de viaje y su máscara, me cogió de la cintura pegándome a él.

-¿Sales en unas horas hacia Ciudad Palacio?-preguntó.

-Sí, nos vemos allí. Y nos odiaremos mucho así que prepárate.
-No sé si pueda mantener esa farsa, nada más verte no sé disimular lo mucho que me gustas, lo mucho que te amo.-Lo abracé, besó mi cuello y mis labios al separarse de mí-. ¿En serio vas a ayudar a Ryden y a mi niña? Fui a Bassan para ser yo quien los pusiera a salvo pero llegué tarde, asesinaron a Laurel, supongo que con algo de suerte salieron de allí vivos.          
-Son tus amigos, y esa niña es tu sangre, no puedo actuar como si no fuera importante para ti. Y si lo es para ti, también lo es para mí; cuidaré de ella.
    Lo besé en la boca deseando congelar el tiempo, lo vería de nuevo en unas horas pero no dejaba de ser frustrante tener que alejarme de él y luego actuar como si no sintiera amor sino odio hacia ese Conde enmascarado que fielmente servía a mi padre.
     Se marchó y yo bajé al jardín, di un paseo matutino dejando mis pisadas en la nieve, y viendo cómo caían unos pocos copos. 
   Eran las siete de la mañana, en la mansión las luces seguían apagadas y los guardias hacían su recorrido por los terrenos de la Casa. Me saludaban al pasar. Le dije varias veces a mi padre que no me hacía falta tener tanta seguridad, exageró, me estaba cuidando del peligro y el único peligro que yo reconocía era él.
   Volví sobre mis pasos adentro de la casa.
   Si Murdoch estuvo en Bassan por órdenes de mi padre, Azana también debió estar por allí buscando a Ryden. Si mi hermana supiera que la chica estaba aquí y que le había dado asilo, pegaría el grito al lugar donde no podemos regresar: el cielo.
     Comencé a subir las escaleras, me detuve al escuchar un ruido proveniente del salón comedor. Abrí la boca para llamar a la guardia, pero me abstuve porque podían ser Julietta o Dante. O tal vez alguno de los sirvientes entrando a su hora de trabajo.
    Fui a asegurarme, fuese quien fuese no me iba a asustar. Pensé en el atentado que hubo en mi contra durante mi viaje a Odessa y que sospechaba había sido mi padre el autor intelectual. 
   ¿Y si era un sicario enviado para atentar de nuevo contra mí para luego culpar al Señor de Ibidem? No, los guardias lo hubiesen visto y yo podría defenderme. 
    Abrí las puertas que daban al comedor, estaba a oscuras como el resto de la casa pero en esa oscuridad llegué a atisbar una silueta ocupando la silla a la cabecera de la mesa, la persona rió por lo bajo.

-Luces-murmuré.

   El comedor se iluminó al instante, y la cara de la visitante dejó de ser un misterio.
    La mujer subió los pies en la mesa, me guiñó un ojo. Era muy guapa, unos preciosos ojos plateados adornaban su bello rostro, su mirada siempre llamaba la atención, era fiera, penetrante; se concentró en mí, no era la típica mirada de cariño, había algo más.
   
-Dussollier-dije caminando hacia ella. La esbelta mujer se levantó y antes de poder adivinar lo que haría le solté una bofetada-. ¡¿Tienes idea de cuánto me preocupé?!-exclamé. Dussollier se alejó cuando volví a levantar la mano-. Temí por ti, dahir

    Y no dramatizaba, no podía dormir de sólo pensar que le había pasado algo y estaba herida en algún lugar.

-Lo siento-Dussollier se frotó la mejilla dolorida, yo sabía que me entendía. Haría un año que se había ido sin avisarme dónde estaría, ni siquiera me escribió para dejar en claro que estaba bien-. Realmente lo siento, sé que hice mal, pero igual y no tengo por qué pedirte permiso, ¿no?

-Entonces tampoco debo pedirte permiso para nada, dahir-sonreí con malicia, Dussollier se acercó-. No eres mi esclava, ya no. Sólo temo por ti, eres Miaj Interligo, mi Alianza, si tú mueres yo muero.

-Nada me iba a pasar, ni me pasará. ¿Crees que no sé eso? Estando lejos también sentí temor, y después del atentado en tu contra entré en pánico.

-¿Cómo evadiste a los guardias?

-Soy sutil-me susurró al oído-. Como un Conde que conozco y se metió en tu cama y bragas hace poco.

-¿Eres el Doctor Seuss? 

    Dussollier rió abiertamente.

-¿Hay algo de comer en esta fortaleza?-preguntó.

-Pediré que te preparen algo.

-Ni hablar, yo cocinaré y tú comerás conmigo.

-No sabes cocinar.

-Cierto-dijo como si acabara de notar ese detalle-. Entonces sólo será fruta picadita.

   Me alegraba tenerla de nuevo a mi lado. La observé mientras preparaba su cena.
     Nos conocíamos de hacía mucho, una historia muy particular. Y es que Dussollier fue el regalo de cumpleaños que mi padre me dio cuando era una niña; Dussollier fue una esclava humana, y bastó nada más vernos en la fiesta esa noche para saber que estábamos atadas, unidas desde el momento en que nací. 
   En nuestra tradición, por parte de mi madre, se contaban historias de Alianzas o Dahires. Almas atadas, entrelazadas. Entre los humanos "Almas Gemelas" era lo más similar, pero un Dahir era mucho más. La persona a la que estabas atada se volvía tu todo vivías por y para ella, y ella para ti. Un mundo sin esa persona se convertía en sombras, era una especie de adicción a su presencia, la palabra amor se quedaba corta.
    No era algo muy común, en el pasado se cuentan cuatro historias y una de ellas era la de Circe y Caín, la situación de ellos era contra natura porque se decía que era peligroso ir más allá con tu Dahir y ellos eran esposos. Celebraba que nada malo les hubiera pasado, imaginaba que el hecho de que Caín fuera Espíritu lo hacía todo más fácil, Circe estaba protegida.
    Había una conexión mística que unía a las dos personas, y con esa conexión venían consecuencias para ambas. Una herida hecha a su cuerpo lo resentía el mío, su muerte provocaría la mía-o al menos me debilitaría por siglos porque morir yo sólo podía hacerlo por medio de las armas de Vajra-mi muerte sí provocaría la suya al instante, ella era inmortal porque yo lo era pero todo podía herirla a diferencia de mí que sólo las armas de Vajra conseguían hacerme daño. De la parte sobre la muerte poco se hablaba para no darle ideas a posibles enemigos. 
   La sincronización entre nosotras era tan perfecta que las dos veces que estuve embarazada ella lo supo primero y fue quien me lo dijo. Podíamos sentir lo que la otra sentía, pero teníamos la opción de cerrarnos y evitar momentos incómodos, lo mismo si no queríamos que nuestros pensamientos quedaran al descubierto.
    Dussollier fue humillada la noche de mi cumpleaños, detuve todo el alboroto y la llevé conmigo. La gente quedó anonadada, y quienes conocían la tradición a la que pertenecía mi madre entendieron lo que había pasado, yo había reclamado como mía a la esclava de la que ellos se burlaron y pronto tuvieron que inclinarse ante Dussollier; a mi padre no le agradó la idea, una esclava no podía ser la Alianza de su hija, pero cuando mi madre se enteró, pues ella no estuvo la noche de la fiesta, aplaudió que fuese así porque me enseñaría humildad y a Azazel no le quedó más remedio que consentir la Alianza.
   
-Debiste venir con algún guardia-dijo sentándose a la mesa del comedor. Me sonrió antes de probar el primer bocado, dio un sorbo al vino que se había servido en una copa de plata-. Supe lo del atentado en tu contra y he venido por eso, sentí miedo cuando me enteré; pude ser un asesino, ¿sabes? Uno sicario del Señor de Ibidem.

-Pensé en hacerlo y también pensé en esa posibilidad, pero creo que en el fondo sabía que eras tú-respondí, Dussollier se sintió satisfecha con la respuesta. 

     Concentró su atención en la cena, la observé en silencio. 

-No has tocado tu plato-dijo. Me había servido de lo que preparó.

-No tengo hambre-susurré. Sólo la miré y sin poder aguantar más pregunté-: ¿Dónde estuviste, dahir?

    Ya estaba hecho, la pregunta quedó en el aire por un instante.
     Dussollier alejó su plato.

-No todos los diarios cubrieron la noticia del atentado y....

-Cambiar de tema no me hará dejar de insistir hasta romper el bloqueo que has impuesto entre tu mente y la mía-dije con suavidad.

-Fui con los hijos de Caín que no responden a Ezio Fortuna.....

-¿Estás loca?-Dussollier se encogió de hombros-. Pudieron matarte.-Me puse de pie y la fulminé con la mirada aunque mi voz denotaba dulzura-. Son peligrosos, Dussollier, para ellos somos el enemigo. Ven al mismo Ezio como su enemigo sin entender que él está dentro de nuestras filas para sabotear a mi padre, no perdonarían a alguien que esté relacionado con Azazel.

-Y aún así me tienes aquí sana y salva, ¿sabes por qué?-Volví a sentarme-. Conocen a Amshel, y lo respetan, a tu hermano, dahir.

   Desde que Amshel se liberó del lugar donde Eloah lo tuvo cautivo lo hemos visto muy poco. Padre no lo aceptó de regreso pero mi hermano siempre veía por Azana y por mí.
   Azazel intentó matarlo, mi hermano escapó de ese destino. Si había sobrevivido a Eloah, Azazel no le iba a cortar la vida.
   En la actualidad dirigía Amón en secreto, padre sabía que Amshel había sido visto en esa tierra ignorando que fue él quien la fundó para ayudar a la gente que se negaba a rendirle pleitesía a papá. Mi hermano nos habló de ello a Azana y a mí, y yo lo ayudaba a espaldas de mi padre haciendo de Arkadia zona de paso seguro hacia Amón; mi visita a mi padre hace días fue para dejarle claro que iría a visitar a Amshel, y me puso intranquila que Ryden Coine quisiera ir hasta allí porque con seguridad, si mi padre no se enteraba de mi viaje hacia Amón por mí lo haría por otra persona y entonces enviaría a alguien a seguirme. Él dirá que por seguridad, yo decía que era para darle caza a su hijo.

-¿Con qué intención fuiste a Roahmí?-le pregunté. 

    Era una pequeña nación de puros Blood Drynka's, mi padre aún no la tocaba por consejo de Circe y sus falsas visiones del futuro donde decía que un movimiento de sus tropas hacia esa nación haría que se levantara un nuevo salvador que le traería problemas. La única forma de impedirlo era dando pasos en otra dirección.
    Circe era un genio.
-El rumor que escuché no está del todo confirmado, es eso, un rumor. Y no se ha propagado porque sino tu padre estaría histérico.

   Me dejó ver en su mente y aunque me sorprendió, sonreí encantada.













 Ryden

    Me quedé dormida-¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!-en un sofá cerca de la puerta en la habitación asignada a Abby, ni que estuviera loca como para dejar a Misty apartada de mí. Pero cuando desperté entré en pánico porque Abigail estaba en la cama, dormía todavía, hasta ahí todo bien, fue al notar que faltaba la pequeña rubia que le grité a Abby para que despertara; Abigail se cayó de la cama y se levantó de un salto, alarmada preguntó qué había pasado.

-¿Dónde está Misty?-le pregunté de vuelta. Abigail buscó por toda la habitación, abrí las puertas del enorme armario que estaba lleno de ropa. Vaya todo preparado por si tenían invitados de una noche, pensé aprobando la idea.

-Ryden-entró Tales, cerré el armario y me dirigí a él-. No se lo van a creer-dijo viendo a su mujer y caminando hacia el balcón. Grant y Fausto lo siguieron, lo mismo que Abby y yo.

-¿É... Ésa es....?-balbuceé.

-Sí, General, es Misty caminando con la joven Princesa como si fueran grandes amigas-dijo Fausto.

    ¡Ay no!
    Misty paseaba con Ivel por los nevados jardines de la mansión, en realidad la pequeña correteaba delante de la Señora.

-Esto no puede estar pasando-susurré.

     ¿Por qué Ivel estaba sonriendo? 
     ¡Ay Misty! Por favor, que no le haya dicho nada.
     Salí corriendo de la habitación.













Ivel

   Escuchaba atenta a la precoz niña, no le había preguntado su nombre y ella no se preocupó por saber el mío. Hablaba y hablaba, daba gusto oírla, me recordaba a Illya y sentí afinidad con ella, era una afinidad sumamente fuerte, como me ocurría con mi hija; no fue incómodo cuando la encontré bajando las escaleras, buscaba a uno de los hombres que llegaron con Ryden Coine, la invité a dar un paseo mientras los demás despertaban, no eran más de las ocho y treinta, y ellos habían hecho un largo viaje, el descanso les vendría bien.
     No sabía a qué se debía, tal vez porque vi a Murdoch despedirse de la niña mientras ésta dormía, pero no me sentía incómoda tratándola siendo ella hija adoptiva de Laurel y mi esposo. 
    Pensé en las palabras de Joshua sobre ella: "Mi hija no fue concebida de la forma que piensas, Ivel, no con Laurel al menos. Laurel la adoptó como suya porque yo se lo pedí, le pedí que hiciera pasar a la niña como su hija."
    Y estudié el rostro de la pequeña, tenía los ojos de su padre, se parecía a él así que para ser concebida algo de sexo hubo. Era rubia, tenía siete años exactos, entonces recordé mi segundo embarazo que oculté a Murdoch porque ya estábamos separados, y la pérdida del hijo que tuve. Murió nada más nacer; pensar en ello empezó a afectarme y volví el rostro para que la niña no se diera cuenta. Encontré a Dussollier observándola con interés, como nos vio disfrutando de la caminata mantuvo su distancia.
    Ésta niña, pensé volviendo a mirarla.
    Instintivamente la cogí de la mano.

-Ser hija del Rey Grigori debe ser horrible..... Lo siento-se apresuró a decir.

    Sonreí.

-Horrible, ¿eh?

-Los adultos hablan mucho sobre él-dijo cogiendo seguridad-. Y creen que yo no entiendo por ser pequeña, excepto Ryden, ella me trata como si fuese grande y no me miente o intenta disfrazar la verdad.

-No está mal, pero tampoco es sano que los niños se vean involucrados en asuntos de adultos, a veces nosotros procuramos mantener vuestra inocencia porque es algo poderoso, pero nos han hecho creer que no.-¿Cómo mantener la inocencia en un mundo donde el Creador se ha encargado de que se pierda a edad temprana?-. La inocencia de los niños es poderosa, me lo han enseñado y lo he visto en mis hijas.

-¿Tienes hijas?-preguntó.

    Me puse a su altura y asentí.

-Tengo dos, Illyasviel, a quien de cariño llamamos Illya. Y Aria.-Misty sonrió-. A Aria la adopté cuando tenía más o menos tu edad.

-¡Como Laurel conmigo!-exclamó. 

     Murdoch no le ocultó esa verdad, ¿qué más le habrá dicho?

-¿Cómo te llamas?-le pregunté por fin.

-Misty-respondió. El corazón me dio un vuelco.

Flashback

<<-Misty-reí atrayéndolo a mí, estaba a mi lado en la cama.

-Me parece justo que seas tú quien elija el nombre de nuestra próxima hija o hijo, si llegamos a tenerlo. ¿Pero qué significa Misty?

-"La Belleza del Misterio"-respondí.

    Lo besé largamente, Murdoch me separó los muslos haciéndome sonreír en mitad del beso.

-Tú sabes de eso-comentó.

-¿De misterios?-reí-. Espera, Murdoch-suspiré sintiendo su erección posarse a la entrada de mi sexo-. No me has respondido, no has dicho si aceptas el nombre.

   Me miró con ternura, vi mi reflejo en su azul y cristalina mirada.

-Nuestra hija llevará ese nombre-sonrió-. Misty.>>



-Me lo puso mi mamá, eso me contó mi papito-continuó la niña devolviéndome a la realidad con el sonido de su voz.

-¿Quién es tu ma....?

-¡Misty!-llamó Ryden. La nena corrió hacia ella, Dussollier se paró a mi lado-. Excelencia, disculpe si la niña le causó molestias-dijo la General haciendo una ligera inclinación con la cabeza.

-No se preocupe, señorita Coine. De hecho, lo que causó fue todo lo contrario a molestias, todo lo contrario-hablé pero me encontraba lejos de allí recordando a Murdoch, recordando, recordando.....

     Me percaté del nerviosismo con que la General cargó a Misty y se marchó de regreso a la mansión. Misty me decía Adiós con la mano, sonriendo.