Spin-off

Spin-off

viernes, 23 de junio de 2017

Capítulo 2: Misty

Kiev, Arkadia
Ivel

   No quise seguir hablando, me dirigí a mi dormitorio y en el camino escuché un silbido, me detuve y di media vuelta. Lo vi de pie al lado de la estatua que representaba a un león dorado rugiendo, sonreí cuando salió de su escondite, llevaba la capa de viaje doblada en su brazo y su rostro cubierto por una máscara color bronce. Se la quitó al estar a mi altura, y sonrió tras besar mi frente.

-Buenas noches, Pequeño Ángel-dijo.

-Estás jugando con fuego, Murdoch-comenté enarcando una ceja-. ¿Te gusta?

-Sólo si eres tú quien lo enciende-sonrió.

   Lo tomé de la mano y apuramos el paso hasta mi habitación que estaba cerca. Lo empujé dentro y me aseguré de que nadie nos había visto, cerré la puerta; Joshua puso su capa doblada en el espaldar del sofá de la antesala, me crucé de brazos.

-¿Te volviste loco? Si alguien te llega a ver estaremos en un lío.

-No me importa, con tal de verte haría lo que sea.-Puso sus manos en mi cintura-. Bonito vestido-dijo. 

-Es normal que pienses eso considerando que fuiste tú quien me lo obsequió-respondí rodeando su cuello con mis brazos-. ¿Por qué estás aquí?

     Caminé hacia la chimenea que estaba encendida.

-Iba camino de Ciudad Palacio, decidí desviarme un poco porque te extrañaba-susurró abrazándome por la espalda. Sentí sus labios depositando un beso en mi hombro derecho, suspiré, el contacto de sus labios contra mi piel me desconcentró, pensé en decirle que se marchara pero ya no estaba muy segura de querer que lo hiciera-. Han sido cuatro largos días desde que nos vimos por última vez.-Besó mi cuello, jadeé, el calor empezaba a vestir mi piel.

   Sonreí presionando mi trasero contra su sexo que ya sentía endurecerse. Me giré y él besó mis labios con pureza, un roce limpio que igualó por mucho a un beso dado con pasión.

-Adoro que estés aquí y que me extrañes como yo te extraño, Joshua.-Besó mi frente y nos sentamos delante de la chimenea, él detrás de mí. Eché la cabeza hacia atrás, recargándome en su hombro, él aprovechó para besar mi cuello al verlo descubierto y gemí sintiendo cómo dejaba mi piel ardiendo nada más apartar los labios de ese punto-. Vi a Illya ese día en que nos encontramos-susurré-. ¿Has estado presentándote con ella? Porque me ha dicho que soñó contigo y que lo sabe, que es nuestro secreto.

-Siento debilidad por mis hermosas mujercitas, no podía esconderme de ella por más tiempo-respondió.

-Es muy lista, nos siente y suele venir a verme. ¿Sabías que su proyección astral ya es perfecta?

-Circe me lo comentó, y que a veces tienen visión compartida.

-Cuando se lo permito, le he explicado que no puede hacerlo todo el tiempo porque mamá ve cosas de adultos, y por más edad que tenga Illya sigue siendo una niña.-Me abrazó-. Deberías seguir tu camino, ya me viste. Era lo que querías.

-¿Te quieres deshacer de mí tan pronto?-preguntó, sonreí al notar que fingía haberse ofendido.

-Pueden ver que aterrizaste en Arkadia y lo encontrarán raro, mi amor.

-Ya me encargué de eso, un Lord me invitó a pasar por su casa cuando me apeteciera y hoy me apeteció-lo sentí sonreír.

-¿Qué cosa?-pregunté juguetona.

-Todo.-Mordió el lóbulo de mi oreja. Reímos al unísono-. Tu padre me dejará estar presente en la audiencia de mañana.

-¿Hablas en serio?

    Eso sí que era noticia, generalmente mi padre enviaba al Conde a algún otro lugar lejos de Ciudad Palacio cuando yo iba de visita, como queriendo evitar un encuentro entre nosotros; las veces que hemos coincidido frente a mi padre dimos prueba de la fingida aversión que sentíamos el uno por el otro, Azazel ignoraba que yo sabía quién se escondía tras la máscara y que nuestra relación seguía como antes de que todo se destapara años atrás.

-A mí me resultó extraño, supongo que a tu padre no se le puede ocultar las cosas por mucho tiempo, Mi Señora-bromeó. No me reí, pensé en las personas que fueron cercanas a él durante su vida en Bassan, y que ahora estaban bajo mi techo-. ¿Qué pasa?

-Tu hija está aquí-contesté levantándome. La expresión atónita de su rostro me hizo sonreír desganada-. Está aquí, la niña que Laurel y tú tuvieron. Ryden y otras cuatro personas llegaron hace rato buscando ayuda para sacarlos de acá-le expliqué, Murdoch se puso de pie-. Sé que desde que nos reencontramos no hemos hablado mucho al respecto, más por mí que por ti, pero vi a la niña y simplemente reviví tu matrimonio con Laurel y luego la noticia de que eras padre de una hija que tuviste con esa mujer.

-Mi hija no fue concebida de la forma que piensas, Ivel, no con Laurel al menos. Laurel la adoptó como suya porque yo se lo pedí, le pedí que hiciera pasar a la niña como su hija.

-¿Por qué?-inquirí sorprendida-. ¿Quién es su madre entonces? ¿Hubo alguien más en tu vida de la que no estoy enterada?

     Tomó mi rostro entre sus manos.

-Sólo tú-respondió-. Algo hermoso que tenemos los Espíritu es que nos enamoramos una vez y esa persona es nuestra por toda la eternidad, no hay espacio ni ojos para nadie más, no podemos sentir por otra persona que no sea esa a la que amamos la primera vez.-Rozó mis labios con los suyos-. Aprendí la teoría de Circe, pero en la práctica iba bastante adelantado.-Me abrazó muy fuerte-. Confía en mí.

    Buscó algo en mis ojos, y según la forma en que lo miré besó mi boca con esa pasión y dedicación que empleaba cuando lo hacía. No había nadie que besara como él lo hacía, despertando cada parte de mi cuerpo, conquistándolo con un beso, sólo un beso.  
    Se apartó un poco y mientras desabrochaba su camisa busqué su boca de nuevo, respiré su aliento, sentí sus labios y su lengua en un armonioso conjunto que me desarmó.  
     Llevándome al dormitorio corrí su camisa por sus brazos hasta dejarla caer al suelo y me senté al borde de la cama.
-Me haces perder la cordura-susurró, sus labios dibujaron una sonrisa.
 
  Besó mi boca despacio, fue pausado, demorándose en cada movimiento de sus labios, en cada roce de su lengua, en cada intento de acariciar mi piel. Fue cuidadoso.
    Me acostó en la cama contemplándome a la luz del alba que se asomaba por la ventana. 
     Selló mis labios con los suyos apretando su sexo contra el mío para que sintiera cómo lo tenía por mí y para mí; ansiábamos más, nuestras pieles pedían más. Se lo susurré al oído, Josh sonrió y desabrochó su cinturón.
    Concebía cada instante de placer con él, en su cuerpo renacía entre cada movimiento de entrada y salida, gemía en su boca volviéndome agua siendo vivo fuego que abrasaba su piel; y danzaba al ritmo que Josh marcaba, y él me concedía el tempo que deseaba y susurraba en su oído.
    Era follar duro y con el alma cuando se trataba de entregarme a sus besos, de conquistar su cuerpo mientras él acampaba en mi piel. 

   Lo vi vestirse después de salir de la ducha, no se sentía movimiento afuera así que aún debían estar durmiendo, momento que él tenía que aprovechar para marcharse. Antes fue a ver a su hija, se coló en la habitación donde estaba durmiendo con una mujer morena y con Ryden que estaba dormitando en un sofá cerca de la puerta; besó la frente de su pequeña y volvió a salir procurando cerrar con cuidado para no hacer ruido.
    Volvimos a mi habitación, cogió su capa de viaje y su máscara, me cogió de la cintura pegándome a él.

-¿Sales en unas horas hacia Ciudad Palacio?-preguntó.

-Sí, nos vemos allí. Y nos odiaremos mucho así que prepárate.
-No sé si pueda mantener esa farsa, nada más verte no sé disimular lo mucho que me gustas, lo mucho que te amo.-Lo abracé, besó mi cuello y mis labios al separarse de mí-. ¿En serio vas a ayudar a Ryden y a mi niña? Fui a Bassan para ser yo quien los pusiera a salvo pero llegué tarde, asesinaron a Laurel, supongo que con algo de suerte salieron de allí vivos.          
-Son tus amigos, y esa niña es tu sangre, no puedo actuar como si no fuera importante para ti. Y si lo es para ti, también lo es para mí; cuidaré de ella.
    Lo besé en la boca deseando congelar el tiempo, lo vería de nuevo en unas horas pero no dejaba de ser frustrante tener que alejarme de él y luego actuar como si no sintiera amor sino odio hacia ese Conde enmascarado que fielmente servía a mi padre.
     Se marchó y yo bajé al jardín, di un paseo matutino dejando mis pisadas en la nieve, y viendo cómo caían unos pocos copos. 
   Eran las siete de la mañana, en la mansión las luces seguían apagadas y los guardias hacían su recorrido por los terrenos de la Casa. Me saludaban al pasar. Le dije varias veces a mi padre que no me hacía falta tener tanta seguridad, exageró, me estaba cuidando del peligro y el único peligro que yo reconocía era él.
   Volví sobre mis pasos adentro de la casa.
   Si Murdoch estuvo en Bassan por órdenes de mi padre, Azana también debió estar por allí buscando a Ryden. Si mi hermana supiera que la chica estaba aquí y que le había dado asilo, pegaría el grito al lugar donde no podemos regresar: el cielo.
     Comencé a subir las escaleras, me detuve al escuchar un ruido proveniente del salón comedor. Abrí la boca para llamar a la guardia, pero me abstuve porque podían ser Julietta o Dante. O tal vez alguno de los sirvientes entrando a su hora de trabajo.
    Fui a asegurarme, fuese quien fuese no me iba a asustar. Pensé en el atentado que hubo en mi contra durante mi viaje a Odessa y que sospechaba había sido mi padre el autor intelectual. 
   ¿Y si era un sicario enviado para atentar de nuevo contra mí para luego culpar al Señor de Ibidem? No, los guardias lo hubiesen visto y yo podría defenderme. 
    Abrí las puertas que daban al comedor, estaba a oscuras como el resto de la casa pero en esa oscuridad llegué a atisbar una silueta ocupando la silla a la cabecera de la mesa, la persona rió por lo bajo.

-Luces-murmuré.

   El comedor se iluminó al instante, y la cara de la visitante dejó de ser un misterio.
    La mujer subió los pies en la mesa, me guiñó un ojo. Era muy guapa, unos preciosos ojos plateados adornaban su bello rostro, su mirada siempre llamaba la atención, era fiera, penetrante; se concentró en mí, no era la típica mirada de cariño, había algo más.
   
-Dussollier-dije caminando hacia ella. La esbelta mujer se levantó y antes de poder adivinar lo que haría le solté una bofetada-. ¡¿Tienes idea de cuánto me preocupé?!-exclamé. Dussollier se alejó cuando volví a levantar la mano-. Temí por ti, dahir

    Y no dramatizaba, no podía dormir de sólo pensar que le había pasado algo y estaba herida en algún lugar.

-Lo siento-Dussollier se frotó la mejilla dolorida, yo sabía que me entendía. Haría un año que se había ido sin avisarme dónde estaría, ni siquiera me escribió para dejar en claro que estaba bien-. Realmente lo siento, sé que hice mal, pero igual y no tengo por qué pedirte permiso, ¿no?

-Entonces tampoco debo pedirte permiso para nada, dahir-sonreí con malicia, Dussollier se acercó-. No eres mi esclava, ya no. Sólo temo por ti, eres Miaj Interligo, mi Alianza, si tú mueres yo muero.

-Nada me iba a pasar, ni me pasará. ¿Crees que no sé eso? Estando lejos también sentí temor, y después del atentado en tu contra entré en pánico.

-¿Cómo evadiste a los guardias?

-Soy sutil-me susurró al oído-. Como un Conde que conozco y se metió en tu cama y bragas hace poco.

-¿Eres el Doctor Seuss? 

    Dussollier rió abiertamente.

-¿Hay algo de comer en esta fortaleza?-preguntó.

-Pediré que te preparen algo.

-Ni hablar, yo cocinaré y tú comerás conmigo.

-No sabes cocinar.

-Cierto-dijo como si acabara de notar ese detalle-. Entonces sólo será fruta picadita.

   Me alegraba tenerla de nuevo a mi lado. La observé mientras preparaba su cena.
     Nos conocíamos de hacía mucho, una historia muy particular. Y es que Dussollier fue el regalo de cumpleaños que mi padre me dio cuando era una niña; Dussollier fue una esclava humana, y bastó nada más vernos en la fiesta esa noche para saber que estábamos atadas, unidas desde el momento en que nací. 
   En nuestra tradición, por parte de mi madre, se contaban historias de Alianzas o Dahires. Almas atadas, entrelazadas. Entre los humanos "Almas Gemelas" era lo más similar, pero un Dahir era mucho más. La persona a la que estabas atada se volvía tu todo vivías por y para ella, y ella para ti. Un mundo sin esa persona se convertía en sombras, era una especie de adicción a su presencia, la palabra amor se quedaba corta.
    No era algo muy común, en el pasado se cuentan cuatro historias y una de ellas era la de Circe y Caín, la situación de ellos era contra natura porque se decía que era peligroso ir más allá con tu Dahir y ellos eran esposos. Celebraba que nada malo les hubiera pasado, imaginaba que el hecho de que Caín fuera Espíritu lo hacía todo más fácil, Circe estaba protegida.
    Había una conexión mística que unía a las dos personas, y con esa conexión venían consecuencias para ambas. Una herida hecha a su cuerpo lo resentía el mío, su muerte provocaría la mía-o al menos me debilitaría por siglos porque morir yo sólo podía hacerlo por medio de las armas de Vajra-mi muerte sí provocaría la suya al instante, ella era inmortal porque yo lo era pero todo podía herirla a diferencia de mí que sólo las armas de Vajra conseguían hacerme daño. De la parte sobre la muerte poco se hablaba para no darle ideas a posibles enemigos. 
   La sincronización entre nosotras era tan perfecta que las dos veces que estuve embarazada ella lo supo primero y fue quien me lo dijo. Podíamos sentir lo que la otra sentía, pero teníamos la opción de cerrarnos y evitar momentos incómodos, lo mismo si no queríamos que nuestros pensamientos quedaran al descubierto.
    Dussollier fue humillada la noche de mi cumpleaños, detuve todo el alboroto y la llevé conmigo. La gente quedó anonadada, y quienes conocían la tradición a la que pertenecía mi madre entendieron lo que había pasado, yo había reclamado como mía a la esclava de la que ellos se burlaron y pronto tuvieron que inclinarse ante Dussollier; a mi padre no le agradó la idea, una esclava no podía ser la Alianza de su hija, pero cuando mi madre se enteró, pues ella no estuvo la noche de la fiesta, aplaudió que fuese así porque me enseñaría humildad y a Azazel no le quedó más remedio que consentir la Alianza.
   
-Debiste venir con algún guardia-dijo sentándose a la mesa del comedor. Me sonrió antes de probar el primer bocado, dio un sorbo al vino que se había servido en una copa de plata-. Supe lo del atentado en tu contra y he venido por eso, sentí miedo cuando me enteré; pude ser un asesino, ¿sabes? Uno sicario del Señor de Ibidem.

-Pensé en hacerlo y también pensé en esa posibilidad, pero creo que en el fondo sabía que eras tú-respondí, Dussollier se sintió satisfecha con la respuesta. 

     Concentró su atención en la cena, la observé en silencio. 

-No has tocado tu plato-dijo. Me había servido de lo que preparó.

-No tengo hambre-susurré. Sólo la miré y sin poder aguantar más pregunté-: ¿Dónde estuviste, dahir?

    Ya estaba hecho, la pregunta quedó en el aire por un instante.
     Dussollier alejó su plato.

-No todos los diarios cubrieron la noticia del atentado y....

-Cambiar de tema no me hará dejar de insistir hasta romper el bloqueo que has impuesto entre tu mente y la mía-dije con suavidad.

-Fui con los hijos de Caín que no responden a Ezio Fortuna.....

-¿Estás loca?-Dussollier se encogió de hombros-. Pudieron matarte.-Me puse de pie y la fulminé con la mirada aunque mi voz denotaba dulzura-. Son peligrosos, Dussollier, para ellos somos el enemigo. Ven al mismo Ezio como su enemigo sin entender que él está dentro de nuestras filas para sabotear a mi padre, no perdonarían a alguien que esté relacionado con Azazel.

-Y aún así me tienes aquí sana y salva, ¿sabes por qué?-Volví a sentarme-. Conocen a Amshel, y lo respetan, a tu hermano, dahir.

   Desde que Amshel se liberó del lugar donde Eloah lo tuvo cautivo lo hemos visto muy poco. Padre no lo aceptó de regreso pero mi hermano siempre veía por Azana y por mí.
   Azazel intentó matarlo, mi hermano escapó de ese destino. Si había sobrevivido a Eloah, Azazel no le iba a cortar la vida.
   En la actualidad dirigía Amón en secreto, padre sabía que Amshel había sido visto en esa tierra ignorando que fue él quien la fundó para ayudar a la gente que se negaba a rendirle pleitesía a papá. Mi hermano nos habló de ello a Azana y a mí, y yo lo ayudaba a espaldas de mi padre haciendo de Arkadia zona de paso seguro hacia Amón; mi visita a mi padre hace días fue para dejarle claro que iría a visitar a Amshel, y me puso intranquila que Ryden Coine quisiera ir hasta allí porque con seguridad, si mi padre no se enteraba de mi viaje hacia Amón por mí lo haría por otra persona y entonces enviaría a alguien a seguirme. Él dirá que por seguridad, yo decía que era para darle caza a su hijo.

-¿Con qué intención fuiste a Roahmí?-le pregunté. 

    Era una pequeña nación de puros Blood Drynka's, mi padre aún no la tocaba por consejo de Circe y sus falsas visiones del futuro donde decía que un movimiento de sus tropas hacia esa nación haría que se levantara un nuevo salvador que le traería problemas. La única forma de impedirlo era dando pasos en otra dirección.
    Circe era un genio.
-El rumor que escuché no está del todo confirmado, es eso, un rumor. Y no se ha propagado porque sino tu padre estaría histérico.

   Me dejó ver en su mente y aunque me sorprendió, sonreí encantada.













 Ryden

    Me quedé dormida-¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!-en un sofá cerca de la puerta en la habitación asignada a Abby, ni que estuviera loca como para dejar a Misty apartada de mí. Pero cuando desperté entré en pánico porque Abigail estaba en la cama, dormía todavía, hasta ahí todo bien, fue al notar que faltaba la pequeña rubia que le grité a Abby para que despertara; Abigail se cayó de la cama y se levantó de un salto, alarmada preguntó qué había pasado.

-¿Dónde está Misty?-le pregunté de vuelta. Abigail buscó por toda la habitación, abrí las puertas del enorme armario que estaba lleno de ropa. Vaya todo preparado por si tenían invitados de una noche, pensé aprobando la idea.

-Ryden-entró Tales, cerré el armario y me dirigí a él-. No se lo van a creer-dijo viendo a su mujer y caminando hacia el balcón. Grant y Fausto lo siguieron, lo mismo que Abby y yo.

-¿É... Ésa es....?-balbuceé.

-Sí, General, es Misty caminando con la joven Princesa como si fueran grandes amigas-dijo Fausto.

    ¡Ay no!
    Misty paseaba con Ivel por los nevados jardines de la mansión, en realidad la pequeña correteaba delante de la Señora.

-Esto no puede estar pasando-susurré.

     ¿Por qué Ivel estaba sonriendo? 
     ¡Ay Misty! Por favor, que no le haya dicho nada.
     Salí corriendo de la habitación.













Ivel

   Escuchaba atenta a la precoz niña, no le había preguntado su nombre y ella no se preocupó por saber el mío. Hablaba y hablaba, daba gusto oírla, me recordaba a Illya y sentí afinidad con ella, era una afinidad sumamente fuerte, como me ocurría con mi hija; no fue incómodo cuando la encontré bajando las escaleras, buscaba a uno de los hombres que llegaron con Ryden Coine, la invité a dar un paseo mientras los demás despertaban, no eran más de las ocho y treinta, y ellos habían hecho un largo viaje, el descanso les vendría bien.
     No sabía a qué se debía, tal vez porque vi a Murdoch despedirse de la niña mientras ésta dormía, pero no me sentía incómoda tratándola siendo ella hija adoptiva de Laurel y mi esposo. 
    Pensé en las palabras de Joshua sobre ella: "Mi hija no fue concebida de la forma que piensas, Ivel, no con Laurel al menos. Laurel la adoptó como suya porque yo se lo pedí, le pedí que hiciera pasar a la niña como su hija."
    Y estudié el rostro de la pequeña, tenía los ojos de su padre, se parecía a él así que para ser concebida algo de sexo hubo. Era rubia, tenía siete años exactos, entonces recordé mi segundo embarazo que oculté a Murdoch porque ya estábamos separados, y la pérdida del hijo que tuve. Murió nada más nacer; pensar en ello empezó a afectarme y volví el rostro para que la niña no se diera cuenta. Encontré a Dussollier observándola con interés, como nos vio disfrutando de la caminata mantuvo su distancia.
    Ésta niña, pensé volviendo a mirarla.
    Instintivamente la cogí de la mano.

-Ser hija del Rey Grigori debe ser horrible..... Lo siento-se apresuró a decir.

    Sonreí.

-Horrible, ¿eh?

-Los adultos hablan mucho sobre él-dijo cogiendo seguridad-. Y creen que yo no entiendo por ser pequeña, excepto Ryden, ella me trata como si fuese grande y no me miente o intenta disfrazar la verdad.

-No está mal, pero tampoco es sano que los niños se vean involucrados en asuntos de adultos, a veces nosotros procuramos mantener vuestra inocencia porque es algo poderoso, pero nos han hecho creer que no.-¿Cómo mantener la inocencia en un mundo donde el Creador se ha encargado de que se pierda a edad temprana?-. La inocencia de los niños es poderosa, me lo han enseñado y lo he visto en mis hijas.

-¿Tienes hijas?-preguntó.

    Me puse a su altura y asentí.

-Tengo dos, Illyasviel, a quien de cariño llamamos Illya. Y Aria.-Misty sonrió-. A Aria la adopté cuando tenía más o menos tu edad.

-¡Como Laurel conmigo!-exclamó. 

     Murdoch no le ocultó esa verdad, ¿qué más le habrá dicho?

-¿Cómo te llamas?-le pregunté por fin.

-Misty-respondió. El corazón me dio un vuelco.

Flashback

<<-Misty-reí atrayéndolo a mí, estaba a mi lado en la cama.

-Me parece justo que seas tú quien elija el nombre de nuestra próxima hija o hijo, si llegamos a tenerlo. ¿Pero qué significa Misty?

-"La Belleza del Misterio"-respondí.

    Lo besé largamente, Murdoch me separó los muslos haciéndome sonreír en mitad del beso.

-Tú sabes de eso-comentó.

-¿De misterios?-reí-. Espera, Murdoch-suspiré sintiendo su erección posarse a la entrada de mi sexo-. No me has respondido, no has dicho si aceptas el nombre.

   Me miró con ternura, vi mi reflejo en su azul y cristalina mirada.

-Nuestra hija llevará ese nombre-sonrió-. Misty.>>



-Me lo puso mi mamá, eso me contó mi papito-continuó la niña devolviéndome a la realidad con el sonido de su voz.

-¿Quién es tu ma....?

-¡Misty!-llamó Ryden. La nena corrió hacia ella, Dussollier se paró a mi lado-. Excelencia, disculpe si la niña le causó molestias-dijo la General haciendo una ligera inclinación con la cabeza.

-No se preocupe, señorita Coine. De hecho, lo que causó fue todo lo contrario a molestias, todo lo contrario-hablé pero me encontraba lejos de allí recordando a Murdoch, recordando, recordando.....

     Me percaté del nerviosismo con que la General cargó a Misty y se marchó de regreso a la mansión. Misty me decía Adiós con la mano, sonriendo.








jueves, 22 de junio de 2017

Capítulo 1: Asilo

Bassan, Neo Francia.
Ryden

    Conduje el coche de regreso a la Casa Grier, había conseguido la medicina que requería la Condesa. Fue una suerte no encontrar militares en el camino, ni cerca de la deshecha farmacia, las calles estaban desiertas, algo poco común porque la milicia siempre andaba rondando por el lugar con la esperanza de encontrarme y matarme.
   Mi cara adornaba carteles de Se Busca, todo el imperio del Rey Grigori andaba tras mi cabeza.
   Frené con brusquedad, sonreí al escuchar a mis compañeros quejarse. Grant y Fausto me lanzaron miradas llenas de ira, los ignoré al notar los cuerpos dispersos a las afueras de la acabada mansión, salí del coche seguida de ambos, mi corazón latía con fuerza temiendo e imaginando lo peor.
   Me detuve, las piernas se me congelaron y sentí cómo el corazón se me paraba por unos segundos.

-Esto no está bien-susurró Fausto.

   Reaccioné y apuré el paso. Paramos en seco al entrar y ver la atroz imagen que se presentaba al pie de la escalera.
   Laurel. La hermosa Laurel.... muerta...
  Habían cuerpos regados a su alrededor, algunos decapitados, desmembrados. No había visto algo así ni en mis peores pesadillas.
   Tales llegó entonces y al ver a nuestra Señora muerta temió por su esposa, corrió escaleras arriba, no tardé en seguirlo y busqué, habitación por habitación, a Abigail y a la Condesa, sin éxito.
   ¿Se las habrán llevado? pensé. 

-¡Las encontré, General!-le escuché gritar a Tales.

   Salí del dormitorio de la Condesa y vi a Tales con ésta en brazos, Abigail caminaba al lado de su esposo, pálida.
    La Condesa dormía y agradecí que así fuera porque bajamos al vestíbulo mientras Abby nos relataba lo ocurrido. Uno de los guardias avisó que se acercaban los traficantes de muerte, Laurel le pidió a Abby que se ocultara con la nena mientras ella intentaba llegar a un acuerdo con el líder del grupo. Abigail intentó convencerla de que fuera con ellas pero Laurel se rehusó, no abandonaría a su suerte a quienes habían mantenido su lealtad para con los Grier.
   Para cuando Abby vio el cuerpo de Laurel calló.
   Empezó a negar con la cabeza, se arrodilló ante la rubia que yacía muerta al pie de la escalera y su consternación fue reflejo de lo que yo sentía por dentro.

-¡No!-jadeó-. ¡Laurel no! ¡No!-lloriqueó acercando unas temblorosas manos al rostro de nuestra Señora.

    La escena fue muy triste, tanto que me retiré a llorar al exterior porque no me gustaba que me vieran vulnerable.
    A Laurel la conocí por medio de mi Señor Joshua Murdoch, era hija del Señor Feudal Renard Grier, Laurel había accedido a casarse con Joshua cuando éste fue en busca de alianzas para enfrentar a Azazel. Un matrimonio por conveniencia, la unión de dos naciones en contra de un poderoso rey que no era humano; pero Joshua amaba por sobre todas las cosas a alguien más, y Laurel también, sin embargo debían aparentar ser un matrimonio sólido para nuestros respectivos pueblos.
    Era una mujer buena, tenía que serlo para alguien que guardó el mayor secreto de mi Señor, y no me refería a su carácter angelical. Porque sí, Joshua también había llegado con Azazel e incluso estuvo casado con una de sus hijas; su mayor secreto involucraba a la pequeña Condesa.
   Después de sepultar a Laurel y a los demás decidimos marcharnos, Fausto condujo. Misty estaba a mi lado en el asiento trasero, despertó apenas unos minutos después de que el coche se puso en marcha.

-¿Y Laurel?-preguntó de pronto, nunca llegó a llamar mamá a mi Señora.

-Murió-respondí directamente.

-¡Ryden!-dijeron los otros tres al unísono.

-¿Qué? A ella no se le puede disfrazar la verdad, estoy siendo honesta y sé que a Misty le gusta eso, ¿verdad Condesa?

    La niña asintió.

-Aún así fue muy fuerte que se lo dijeras de esa forma, sin anestesia-me reprendió Abigail.

    Estaba sentada al frente con Tales y Fausto, Grant iba en la parte trasera de la camioneta soportando el frío, pero no le importaba porque estaba vigilando por si alguien se atrevía a seguirnos. Llevaba varias armas y estaba dispuesto a usarlas con cualquiera del que sospechara, Grant llevaba la palabra radical a lo realmente radical.
    Observé a Misty, había tomado su medicina y la temperatura bajó pasadas unas horas. Su cabello rubio era corto, nadie podía negar que fuera hija de Laurel aunque sólo de puertas para afuera, si Misty no la llamaba mamá era porque la niña sabía la verdad; tenía un don especial y no me sorprendería que con el pasar del tiempo desarrollara más facultades, provenía de un linaje lleno de maldad, para su desgracia. Mala sangre corría por sus venas convergiendo con el linaje de la Diosa Primordial. Mitad Elohim, mitad Espíritu. Creado e increado. Misty era como su padre, pero también como su madre, la verdadera.

-Laurel se irá, lo he visto-escuché en mi mente su vocecita. La miré y sonreí-. Irá al otro lugar-agregó.      
    Me observaba con sus ojos brillando en un precioso color azul, cogí su manita entre las mías.
      El Otro Lugar, empezó a hablar sobre eso cuando tenía cuatro años. Sabíamos qué lugar era ese: el Arquetipo, allí donde todo dio inicio. De donde fuimos tomados y hecho prisioneros bajo el yugo de Eloah, el Dios Creador, el Usurpador; y no era Él quien mandaba, Azazel era nuestro actual carcelero. 
    Nuestra lucha ya no sólo tenía como objetivo obtener nuestra libertad, sino proteger a Misty y a su hermana mayor de ambos, porque aunque débil, Eloah seguía en las sombras y así podía llegar a ser mucho más peligroso.

    Resoplé por quinta vez, Abigail se había pasado al asiento trasero y llevaba a Misty sentada en su regazo. La Condesa dormitaba ajena a lo que nos esperaba al frente, ninguno nos atrevíamos a hablar al respecto, teníamos la muerte de Laurel tan reciente que dolía y llevábamos nuestro dolor en silencio; no planeábamos darnos por vencidos, sequé las lágrimas que empezaron a correr sin yo así poder evitarlo y pensé en Amón, lugar al que habíamos decidido ir desde el principio.
   Proteger a Misty era prioridad, mantenerla lejos de Azazel y su imperio nos urgía, la niña estaba a mi cargo y no podía abandonarla ni abandonar mi deber con ella.
   Una triste tonada se elevaba por encima de nosotros, agónica pero no llegaba a bajar nuestros ánimos.
   Fausto aparcó el coche a la orilla de la dañada carretera.

-General, usted decide-dijo el hombre mirando por el espejo retrovisor y encontrándose con mi mirada.

-Vayamos a Arkadia. Carmen y Rodrigo nos ayudarán a salir de aquí-le indiqué. Tales y Fausto intercambiaron miradas nerviosas-. ¿Qué pasa, par de imbéciles?-les pregunté con brusquedad.

    Tales pasó una mano por su oscuro cabello y miró por la ventanilla y luego por el espejo retrovisor de adentro.

-Fausto y yo hemos salido muchas más veces que tú desde que nos acorralaron, así que no lo sabes-habló-. La Casa Real de Arkadia ya no está en poder de Carmen y Rodrigo, Azazel los destituyó y ejecutó dejando en su lugar a alguien más, Ryden-explicó con cautela.

-¿Alguna idea de quiénes son los nuevos Señores?

    Tales y Fausto volvieron a mirarse.

-Una de las hijas de Azazel lleva las riendas-respondió el primero.

    Rodé los ojos y suspiré.

-Nos jodimos-sentencié.

   Conociendo el riesgo que suponía le ordené seguir hacia allí, Kiev era la ciudad que más cerca nos quedaba de Amón así que teníamos que atravesar el continente porque sólo en Arkadia se hacían viajes clandestinos hacia Amón; pasaríamos bordeando los límites de entrada al Imperio que pocos habían visto con sus propios ojos, ojalá nos permitieran entrar, tal vez si dijera que pertenecía a la Casa Murdoch Grier nos dieran la oportunidad de unirnos a ellos porque Joshua tuvo contacto con gente de dentro, pero también era bien sabido que no confiaban en todo le mundo y debían ser cuidadosos para proteger a su gente del mal que reinaba en el exterior.
    Tales dijo que Arkadia no era tan vigilada como el resto de naciones que conformaban el imperio de Azazel, le daba puntos a la nueva Señora por eso ya que había sido por pedido de ella que así fuera, según escuchó. 
   Entonces debía ser Ivel, pensé. Era menos severa que su hermana Azana.
   Nos llevó varios días, y muchas paradas llegar a su territorio. Al final cambiamos la camioneta por un carruaje, y luego seguimos a pie por un tupido bosque. Fausto llevaba a Misty cargada a su espalda, dormía plácidamente, la noche nos había alcanzado y a ella eso no le molestaba en lo absoluto.

-¿Ryden?-dijo Abby después de andar algún tiempo.

   Me había quedado atrás pensando en lo que ocurrió con Laurel. Pasé frente a Abigail ignorándola.
    Empezó a nevar y tuvimos que detenernos para cenar y esperar a a que pasara la tormenta de nieve. Encontramos una casa abandonada, una verdadera bendición en aquellas circunstancias; estando ya en terrenos de la nación de Arkadia, comencé a arrepentirme, yo nunca me acobardaba pero es que llevaba a Misty conmigo, Murdoch no aceptaría esto.
    
-Mami-murmuró Misty en sueños llamando mi atención.

     Y supe que no se refería a Laurel, y me pregunté si llegaba a ver el rostro de su madre mientras dormía. Si era así sería un problema presentarla ante Ivel.
    Abigail anunció que había dejado de nevar, abrigamos muy bien a la niña y les dije que yo la llevaría esta vez. 
    Misty se despertó a medio camino.

-Mi pequeña Señora, tenemos que hablar-susurré para que los demás que iban al frente no escucharan-. Vamos a encontrarnos con alguien que posiblemente nos ayude a salir del imperio, si todo sale bien estaremos a salvo, pero debo pedirle algo.

-¿Qué será, Ryden?-preguntó mirándome.

-Cuando veas a esta persona quiero que te quedes tranquilita, ¿sí? No hables, no reacciones, tranquila.

-¿Será como guardar un secreto?

-Exacto, será como guardar un secreto, pequeña.

-Está bien.-Bostezó y rodeó mi cuello con sus brazos-. Soñé con papito, y con mamita-susurró somnolienta-. Papito está bien-añadió quedándose dormida.

     Papito está bien. Había aprendido a no tomarme a la ligera lo que Misty decía, y esa frase me dio esperanzas.

-¿Creen que fue buena idea tomar este camino?-preguntó Abby-. Es que el bosque no es exactamente un buen lugar para andar de noche.

    La morena estaba temerosa, se abrazó a su marido.

-La gaijin tiene razón.

   Un joven salió de entre los árboles, reconocí la vestimenta de inmediato, era un Adalid. Tales dio un paso al frente a la defensiva, al igual que Fausto y Grant.

-Yo no haría eso muchacho-le advierte el hombre.

    Nos vimos rodeados.
   Veinte hombres, además del Adalid, se encontraban a nuestro alrededor, cada uno vestido en negro y dorado. El Adalid llevaba una casaca militar roja y capa negra, prendedores de oro en forma de serpientes ajustaban la capa a la casaca. Sin duda era uno de los Adalides de la Casa Real de Arkadia, sus ojos dorados nos estudiaron a uno por uno.

-¿Gaijin?-repetí notando sus rasgos, eran de un continente del que había leído, Asia como el nombre de este mundo. Asia, continente del que quedaban pocos países pues el resto fue absorbido por el Imperio Austríaco, el que pocos han visto-. No había oído esa expresión nunca.

-Forastera-explicó el Adalid.

   Su amabilidad era muy natural para tratarse de alguien que acababa de encontrar extraños merodeando por territorio Imperial.
   La luz de las antorchas que llevaban ellos, y las linternas que sostenían Tales y Grant era suficiente para que me reconociera, miré a mis amigos nerviosa.

-No tema-dijo el Adalid, por lo visto también era suficiente para que notara mi nerviosismo-. Permítame presentarme, General, mi nombre es Kirei. Adalid de la Casa Real de Arkadia.

   Hice memoria, lo conocía de vista pero no de trato. ¿Será posible que la hija de Azazel haya conservado a uno de los sirvientes de Carmen y Rodrigo? pensé.

-Tanto gusto, Adalid-respondí del mismo modo educado en el que él se presentó-. Nosotros....

-Aquí no. Acompáñenme.

    En el camino el Adalid nos confesó que estaba haciendo un recorrido para asegurar el lugar. Arkadia tenía problemas territoriales con Ibidem, cualquier pequeño desliz por parte de una de las dos naciones desembocaría en una guerra, y ya hubo provocaciones por parte de Ibidem, dijo el Adalid. Un atentado contra la Señora; yo no me lo creí, conocía al Señor de Ibidem, Vládimir no era capaz de proceder de esa manera.
    El carruaje de Kirei nos llevó hasta la casa de Su Eminencia en Kiev, la Señora se encontraba de visita en aquél lugar. Era su ciudad favorita en toda la nación, pequeña pero todo un espectáculo a los ojos, habían fuentes donde el agua y el fuego convergían, casas y edificios imponentes, la gente caminaba por las calles sin miedo a ser reprimidas, y todo lo vimos al alba.
    Kiev enamoraba a simple vista.

-¡Es increíble! Si antes impresionaba, esto ya es otro nivel-musitó Abigail maravillada por la belleza de la ciudad. Chasqué la lengua en señal de desaprobación-. No seas así, este lugar es más bonito a como lo recordamos. Admítelo.

    No lo admitiría en voz alta jamás.

-Hemos llegado-anunció el Adalid.

  Salí del carruaje después de él. La mansión que se levantaba delante de mí me asombró por un minuto, y tras el grito ahogado de Abigail, disimulé; no era la misma casa de antes, ésta era más grande y blanca como la nieve en sus terrenos.
    Oí a Fausto comentar lo gigantesca que era y que si era la casa de la Señora para estar de visita nada más, no quería ni imaginar lo que sería el lugar donde pasaba la mayor parte de su tiempo.
   Kirei nos guió hacia las puertas, los guardias que las custodiaban abrieron para darle paso a su Adalid y sus invitados.
  
-Kirei, ¿quiénes son estas personas?-preguntó un hombre que salió al encuentro del Adalid, su mirada de grandes ojos café se detuvo en mí-. General Coine-murmuró escaneandome con la mirada, tenía el pelo largo y negro, era muy guapo, de facciones finas, moreno-. La perra faldera de Joshua Murdoch.

   Casi me le lanzo encima por lo que dijo, entre Grant y Tales me detuvieron. Busqué a Misty con la mirada, seguía dormida.

-Radu, más respeto por favor-dijo Kirei-. Discúlpelo, General, el Barón tiene un muy mal sentido del humor.-El hombre que respondía al nombre de Radu sonrió con amabilidad-. Voy a buscar a mi Señora.

-No será necesario.

    Todos levantamos la mirada.
   En el corredor de lado izquierdo del piso de arriba estaba una chica recargada en la dorada baranda. Empezó a caminar haciendo todo el recorrido hasta llegar al inicio de las escalera que bajó con elegancia, la acompañaban dos jóvenes, una de pelo castaño y la otra era pelirroja, ambas más altas que la chica a la que escoltaban.

-Mi Señora-dijeron el Barón y el Adalid al unísono.

   Ivel Morningstar, la hija menor de Azazel. No tardé en mirar a Misty.

-Mami-susurró de nuevo en sueños.

   La enigmática mirada de la Señora se centró en la niña que yacía en los brazos de Abby, y me interpuse, sin que fuese muy obvia mi intención, en su punto de visión para evitar que empezara a notar semejanzas entre ambas.

-Excelencia, ella es....

-Sé quién es, Kirei-lo interrumpe Ivel amablemente-. General Coine, es un gusto volverla a ver.-Los demás me miran-. Bienvenidos a Kiev.

-No estamos aquí por gusto, créame-gruñí. Abigail me dio un codazo en las costillas-. Solicito una audiencia con usted-hice un esfuerzo para que mi tono de voz fuese lo más educada posible.

-Ivel, no creo que sea prudente recibir a estas personas aquí, te buscarás problemas con tu padre-le susurró la pelirroja, fue bastante audible para el resto de nosotros.

-Todos somos buenos guardando secretos, ¿no?-dijo en voz alta la hija de Azazel. El Adalid y el Barón asintieron, igual que quienes me acompañaban-. Perfecto. Julietta, conduce a nuestros invitados a las habitaciones de huéspedes, por favor-dijo dirigiéndose a la castaña.

    La mujer llamada Julietta esperó a que mis acompañantes y yo la siguiéramos, no nos movimos. Ivel insistió sin perder su tono amable, entonces asentí en dirección a Abigail dando mi aprobación a su silencioso pedido de permiso.
    El Barón y el Adalid se marcharon después de que los demás se perdieron escaleras arriba. Fui la única que quedó en el vestíbulo frente a Ivel, que sonrió; era tan extraña tanta amabilidad por su parte.
   Me pidió que la acompañara a su estudio, accedí cautelosa.

-Tengo la impresión de que usted ya nos esperaba-comenté dando un rápido vistazo al elegante estudio.

-Mi Adalid envió a uno de sus hombres adelante para avisarme. No planeo entregarla, General-dijo para tranquilizarme-. Dígame qué se le ofrece e intentaré ayudarle.

   La miré recelosa.

-¿Por qué lo haría?

-Porque te lo debo-respondió. Suspiré entendiendo a qué se refería-. Cuando mi marido hizo lo correcto y se opuso a mi padre tú estuviste a su lado en todo momento, cuidaste de él, lo apoyaste hasta el final. Nos ayudaste a vernos a escondidas, y a Illya le agradaste; me alegra que sigas viva, y luchando.
-Tu padre no nos la pone fácil, Excelencia, Laurel Grier murió hace unas noches-dije, ella bajó la mirada y la culpa fue visible-. Necesitamos ir a Amón-añadí zanjando el tema.

-¿Amón?-repitió y pareció perturbada por la mención de la ciudad-. Bien, pero tendrá que esperar....

-¡Necesitamos...!-me alteré, paré cuando me di cuenta de que había levantado la voz-. Azazel no descansará hasta verme muerta, y le hará daño a esas personas que vienen conmigo. Si me quiere a mí, de acuerdo. Pero tengo que sacarlos a ellos de aquí.

-Tu determinación me agrada, con razón mi padre te quiere bajo tierra y Josh te admiraba-sonrió asintiendo-. Cuentas conmigo, General pero como te dije antes tendrás que esperar. Hay un conflicto con Ibidem, mi nación está rodeada por soldados imperiales, mi padre lo ordenó por mi seguridad; les daré asilo aquí en Kiev mientras todo se soluciona, no tardará mucho, se lo prometo.

    Me tendió la mano, la miré desconfiando de ella y su palabra. Terminé estrechándola, Joshua Murdoch debió ver algo bueno en la princesa Grigori, nunca tuvimos un trato íntimo pero ella siempre fue amable conmigo estuviera su padre presente o no.
    ¿Por qué no nos entregaba? No me resultaba muy convincente eso que había dicho antes sobre que me lo debía, ella podía llevarnos ante Azazel y lavarse las manos.....
   Estaba cuestionando demasiado. Tal vez era la costumbre de desconfiar de todo lo que se relacionaba con Azazel y su estirpe, la ayuda que Ivel nos ofrecía parecía ser bien intencionada.

-Él está vivo, ¿verdad?-dije de pronto sin pararme a pensar en las palabras que pronuncié porque permanecía el eco de la voz de Misty diciendo: Papito está bien-. Murdoch está bien, sé lo que era y no es fácil de matar. Así que debe seguir con vida, ¿o me equivoco?

    Ivel me dio la espalda.

-Buenas noches, General-dijo tan sólo.

     Salí sin muchas ganas de insistir en el asunto. La pelirroja de antes aprovechó de entrar.
     Fui guiada por una mujer del servicio al dormitorio que le fue asignado a Abigail. Misty se quedaría con ella esa noche, al entrar corrió y me abrazó, para las muestras de afecto soy muy patosa así que le di unas palmaditas en la espalda. Abigail rió.
    La habitación era bastante grande y elegante, una cama con dosel se vislumbraba nada más abrir la puerta. A mano derecha se encontraba el balcón, tanto las puertas como las rojas cortinas que daban a él estaban abiertas. Me apresuré a cerrar todo.
    Grant, Tales y Fausto llamaron a la puerta, Abby les abrió. Su marido fue atacado por la pequeña.

-¿Todas las habitaciones de huéspedes son así?-preguntó Tales paseándose por el dormitorio.

-¿Acaso importa?-repliqué-. Saldremos de aquí, Ivel nos ayudará.











Ivel         
       
   Lo menos que esperaba era comenzar el día escondiendo a una fugitiva y a sus amigos, pero no era apropiado entregar a Ryden Coine. Era una buena persona que se resistía a los abusos de este mundo y de mi padre, fuerte como Joshua y como cada persona que se ha cruzado en mi camino después de desvelar la cruel verdad que nos fue oculta entre mentiras y verdades a medias.
  Me dejé resbalar por la pared, sentándome en el suelo. Julietta entró sin llamar antes, y se acercó.

-¿Qué pasa?-preguntó sentándose conmigo.

-¿Crees que hice bien?

-Sí-respondió sin pensar mucho en dicha respuesta-. Ellos intentan sobrevivir, y tú les estás dando esa oportunidad. Es lo correcto, ya sea que lo hagas porque así lo sientas o por Illya y Murdoch, porque ambos debieron influenciar en tu decisión de resguardar a esa gente aquí. Tu hija y tu marido son tu debilidad, éste lo sigue siendo después de muerto y después de lo que hizo para conseguir aliados.

   Sabía que Murdoch estaba vivo pero no dejaba de doler el recordar cuando me enteré de su supuesta muerte, y su vida al lado de Laurel.

-La niña era su hija, ¿no?-La pequeña que iba con ellos.

-Eso creo.-Sentí algo muy fuerte cuando escuché su voz decir mami entre sueños. Se lo atribuí a que echaba de menos a Illya-. ¿Por qué mi padre no puede hacer lo correcto por una vez? ¿Por qué tiene que seguir la misma línea de Eloah? Con todo lo que ha hecho sólo me queda pensar que él asesinó a mi madre, y que él mismo planeó el atentado en mi contra de hace unos días. Conmigo viva su control sobre Illya está lejos de concretarse, y yo ya no lo soporto, Julietta, ya no soporto estar lejos de mi hija mientras está en la cueva del lobo. Esto me sobrepasa porque incluso yo he hecho cosas malas, y así como odio a mi padre Illya terminará odiándome algún día.-Me había desmoronado, limpié mis lágrimas y saqué fuerzas para reconstruirme. Julietta apretó muy quedo mi mano-. Me cansé de fingir que estoy de su lado, y que le temo, porque no le tengo miedo a él. Sino a sus acciones contra mi hija.

-Sacaremos a Illya de Palacio, la arrancaremos de sus garras antes de que pueda intentar otra cosa en tu contra, eso si fue él quien planeó ese atentado.

-¿Lo dudas? Porque yo no. La relación diplomática entre Arkadia e Ibidem es ejemplar, y todo indica que se ha iniciado una campaña de desprestigio contra Vládimir Szentes, por un lado me quita del camino y culpa al señor Szentes, y por el otro se deshace de él y su impecable gobierno y popularidad. Aunque empiezo a ver cierta hostilidad demasiado personal contra Vládimir Szentes-dije reflexiva-. Dante me trajo un mensaje de él, quiere que nos veamos.

-¿Y aceptarás?

-Tengo que llegar al fondo de esto, es hora de marcar aún más mi oposición a Azazel.